En el principio los dioses eran esencia y sólo había vacío, esto no les complacía, así que durante eras incontables fueron asumiendo formas y creando materias con las que completar una creación llena de vida. A veces competían, a veces colaboraban y a veces contendían, pues no siempre estaban de acuerdo, la voluntad de los dioses era inescrutable y sus fines a menudo chocaban.
Para que prosperara la vida crearon Hedeh, que en la antigua lengua (que ya no se usa) significa "hogar" y todos pusieron algo de sí mismos aquí, con la intención nada secreta de ser la deidad más adorada ¡Nada satisface más a un dios que la veneración de sus fieles!
Durante las Eras Desconocidas gran parte de Hedeh estuvo cubierta de hielo y nieve, gracias a las disputas de los dioses, pero hace unos 15.000 años, aunque nadie sabe en verdad cuantos exactamente, los hielos empezaron a retirarse y los habitantes de Hedeh a extenderse y poblar el mundo.
Al norte se emplazaron las comunidades de Elfos Arbóreos que se acercaron hasta las espesuras de ambas orillas del Mar Sereno.
Del sur llegaron tribus de humanos cada vez más numerosas, distintas en cada oleada, pues tal es la cualidad de los humanos, son como los ríos,
siempre iguales y siempre distintos.
Del este vinieron los clanes enanos, acompañados de sus primos gnomos, buscando minas y materiales que moldear. Más al sur quedaron los misteriosos lagartos adoradores de dragones de los que poco se sabe.
Por todas partes aparecieron tribus de odiosos nómadas orcos y trasgos de los que pocos quieren saber. Donde ni los sabios pueden adivinar, aparece el ejército demoníaco; arrasándolo todo a su paso con hambre insaciable de carne y almas.